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TRIPTICO
Dentro de un espacio tan inmenso como es Ciudad Universitaria, parece imposible poder apreciar diariamente las inmensas ventajas y virtudes que tiene nuestro lugar...
Sabemos que las distancias son muy largas, la humedad es a veces, hasta dolorosa, el CBC podría llegar a reducirse como maltrato, las carencias edilicias son muy poco acogedoras y hasta a veces hemos visto algunos visitantes inoportunos (“pequeños” roedores) a metros de nuestros pies… Congruente esto, la gran mayoría de los estudiantes somos todavía adolescentes pre-adultos, y nos vemos excesivamente superados por los innumerables conflictos que se presentan al independizarte, conseguir trabajo, en algunos casos, hasta viajar muchos kilómetros lejos de los afectos; y es cotidiano, entonces, volver todo más dramático y trágico de lo que realmente es, ya que todavía no comprendemos todo lo que hay que dejar por un sueño, y además la hormonas te juegan en contra.
Pero paralelamente, no hemos dado tal importancia al aire puro que uno puede disfrutar en algún momento de agotamiento, o de la relajación psico-física que genera el almorzar plácidamente debajo de los árboles, escuchando el cantar de los pájaros, el sonido del viento golpeando en las hojas o disfrutando la luz y el calor del sol... Esas sensaciones son desestresantes ante cualquier desdicha que nos halla tocado, y es hermoso darse el tiempo para disfrutar de las pequeñas cosas en las que se puede encontrar una vida firme, fuerte y vigorosa, a pesar de cualquier contra, y poder observar como de dentro de la basura se puede generar vida, es decir, como después de los errores, de los desprecios de otros hacia otros se puede obtener un fruto impensablemente útil, siempre y cuando todo lo que se genere sobre lo maltratado sea con las mejores intenciones, predisposición, responsabilidad y gentileza, tal como genera sus frutos la naturaleza del planeta...